2–3 minutos

La campaña notable de Provincial chocó con un primer playoff en el que no pudo revalidar sus antecentes

Es el básquet el deporte más hermoso que pueda existir. Y también el más cruel, despiadado. Si lo sabrá Viedma, que festeja a más no poder una clasificación épica tras levantar un 0-2 y eliminar de visitante al mejor equipo de la temporada regular. Si lo sabrá Provincial, que del estupor no sabe si destilar bronca o desazón, que en toda la campaña no había perdido dos partidos seguidos y que hasta hace una semana era todo felicidad y confianza.

El Rojo y el Depo jugaron una final, y a pesar del grado de tensión que eso conlleva disputaron un primer tiempo de alto voltaje, con porcentaje impresionante en triples y defensas inteligentes, pero que no pudieron frenar el talento ofensivo de ambos. Entusiasmo a pleno, estadio a reventar (habrá que agradecer haber generado un marco así en la ciudad) y equipos a la altura de la circunstancia más un contexto en el que las diferencias mayores a cinco puntos no existieron de ningún lado de la mecha.

Ya en la segunda parte, cayó la ficha, las situaciones claras fueron esporádicas y los movimientos menos prolijos. Proliferaron las faltas y la pelota estaba más pesada e hinchada. Las situaciones límite, los momentos en que los estadios pasan del audio ensordecedor al murmullo o incluso al silencio están reservados para pocos, y Viedma tiene algunos de esos jugadores, curtidos por derrotas y hambrientos de revancha. También, es verdad, con viento a favor por el andar de temporada y serie. A Merchant no le tembló el pulso y Cáceres asumió su liderazgo para sacar una ventaja importante. ¿Terminado?

No. Porque el coraje de Gerbaudo y sus triples llevaron a Provincial al terreno de la hazaña, a intentarlo hasta que el reloj dijera basta. Pero Viedma resistió y concretó un regreso soñado, asestó el cimbronazo y sacudió la Liga Argentina.

La fase regular de ensueño de Provincial no tuvo su correlato en playoffs por increíble que parezca, pero la Liga Argentina es así, las brechas desaparecen y hay que revalidar día a día. Lo construido no desaparece, lo positivo no deja de serlo. Pero los sueños a veces demoran un poco más en cumplirse.

El Ciudadano

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