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El periodismo argentino despide a una de sus plumas más brillantes

El periodismo argentino despide a una de sus plumas más brillantes. Ernesto Cherquis Bialo falleció a los 85 años la noche de este viernes 20 de marzo, tras dar una dura batalla contra la leucemia. Su partida no es solo la pérdida de un profesional, sino el cierre definitivo de una era dorada en la que el relato humano y la descripción vibrante pesaban más que la frialdad de las estadísticas.

Nacido en Montevideo en 1940 en el seno de una familia que escapaba del horror nazi en Polonia, Cherquis se transformó en un porteño de ley que recorrió el mundo. Aunque dio sus primeros pasos en Clarín, fue en la revista El Gráfico donde construyó su leyenda. Allí, bajo el seudónimo de Robinson —en honor a su ídolo Sugar Ray—, elevó la crónica deportiva a la categoría de arte, convirtiéndose en el confidente y narrador de las hazañas de figuras de la talla de Muhammad Ali, Diego Maradona, Pelé y Bobby Fischer.

Un testigo de hazañas inolvidables y momentos históricos

Cherquis Bialo no solo informaba; él hacía sentir al lector el rigor del frío en Nueva York o el silencio tenso de un tablero de ajedrez. Su cobertura del «Match del Siglo» entre Fischer y Spassky en Islandia 1972 quedó grabada como un hito del periodismo nacional. También fue la sombra de Ringo Bonavena en su mítica pelea contra Ali, retratando con una sensibilidad única el orgullo del boxeador argentino tras la derrota.

A pesar de ser un apasionado del fútbol, siempre prefirió enfocarse en las historias mínimas y los dramas personales que ocurrían detrás de escena. Esa capacidad para «descubrir lo que no estaba a la vista» lo llevó a ser el director de El Gráfico en la década del 80, en pleno apogeo de la publicación.

El periodismo argentino despide a una de sus plumas más brillantes. Ernesto Cherquis Bialo falleció a los 85 años la noche de este viernes 20 de marzo, tras dar una dura batalla contra la leucemia. Su partida no es solo la pérdida de un profesional, sino el cierre definitivo de una era dorada en la que el relato humano y la descripción vibrante pesaban más que la frialdad de las estadísticas.

Nacido en Montevideo en 1940 en el seno de una familia que escapaba del horror nazi en Polonia, Cherquis se transformó en un porteño de ley que recorrió el mundo. Aunque dio sus primeros pasos en Clarín, fue en la revista El Gráfico donde construyó su leyenda. Allí, bajo el seudónimo de Robinson —en honor a su ídolo Sugar Ray—, elevó la crónica deportiva a la categoría de arte, convirtiéndose en el confidente y narrador de las hazañas de figuras de la talla de Muhammad Ali, Diego Maradona, Pelé y Bobby Fischer.

Un testigo de hazañas inolvidables y momentos históricos

Cherquis Bialo no solo informaba; él hacía sentir al lector el rigor del frío en Nueva York o el silencio tenso de un tablero de ajedrez. Su cobertura del «Match del Siglo» entre Fischer y Spassky en Islandia 1972 quedó grabada como un hito del periodismo nacional. También fue la sombra de Ringo Bonavena en su mítica pelea contra Ali, retratando con una sensibilidad única el orgullo del boxeador argentino tras la derrota.

A pesar de ser un apasionado del fútbol, siempre prefirió enfocarse en las historias mínimas y los dramas personales que ocurrían detrás de escena. Esa capacidad para «descubrir lo que no estaba a la vista» lo llevó a ser el director de El Gráfico en la década del 80, en pleno apogeo de la publicación.

De las redacciones a la voz oficial de la AFA

Su carrera tomó un giro institucional en 2008, cuando asumió como vocero de la AFA bajo la gestión de Julio Grondona, cargo que ocupó hasta 2016. Esta etapa lo puso en el centro de numerosas controversias, pero él siempre defendió su labor como un «ofrecimiento de su arte» a una entidad que buscó modernizar.

En sus últimos años, se mantuvo activo como columnista y recibió el reconocimiento de sus pares, siendo distinguido como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña. Su legado incluye libros fundamentales como la biografía de Carlos Monzón y «Yo soy el Diego de la gente», escrito junto a Daniel Arcucci.

La salud de Cherquis se había deteriorado gravemente en 2025 tras un cuadro de neumonía bilateral que derivó en el mal funcionamiento de su médula. Aunque logró una recuperación que muchos calificaron de milagrosa, finalmente su cuerpo dijo basta, dejando un vacío imposible de llenar en las redacciones argentinas.

El Gráfico

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