Leo tuvo su estreno con la Albiceleste en un amistoso con Hungría en el que vio la tarjeta roja apenas ingresado
Lionel Messi escribió con letras doradas su historia en la Selección Argentina, pero el último capítulo aún está por firmarse. Ya alcanzó con la Copa del Mundo obtenida en Qatar su sueño máximo, aquel que en algún momento creyó que no conseguiría, y se ilusiona a sus 38 años con obtener la «yapa» en Estados Unidos 2026.
No obstante, su bautismo con la Albiceleste tuvo una contingencia insólita e inesperada.
Tras consagrarse en el Mundial Sub-20, en el que logró el título, fue el goleador con 6 conquistas y obtuvo el Balón de Oro, José Pekerman lo convocó para que trasladara toda su magia al equipo mayor. El 17 de agosto de 2025 formó parte del triunfo por 2-1 ante Hungría en un amistoso disputado en Budapest, con festejos de Maxi Rodríguez y Gabriel Heinze, ambos de cabeza.
El ingreso de la Pulga se produjo a los 18 minutos del segundo tiempo en reemplazo de Lisandro López. Pero apenas duró 45 segundos en la cancha: recibió la expulsión por parte del árbitro Markus Merk.
En la primera pelota que le dieron, Messi encaró. El lateral magiar Vilmos Vanczák lo agarró de la camiseta con el dorsal número 18 y él intentó quitárselo de encima con un manotazo que le rozó la cara. Su ampulosidad en la queja convenció al juez alemán que le sacó la roja directa. «Fue feo ese momento porque nunca se imagina un debut así», declaró mucho tiempo después.
Varios compañeros reclamaron airadamente, entre ellos Lionel Scaloni, con quien 17 años más tarde pudo concretar su anhelo de ser campeón del mundo, aunque ocuparan roles diferentes.
El Gráfico



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